HOY EnSalsa 7 Otoño 2024
ENTREVISTA
¿Cómo ha evolucionado la barra desde que empezó en El Anzuelo de Oro hasta llegar a la actualidad? No tiene nada que ver. Yo recuerdo antigua mente barras llenas de vecinos del barrio que venían de trabajar y antes de subir a casa a comer, se tomaban un par de chatos con su aperitivo. Nosotros poníamos en un cuenquito de barro un arroz de chorizo que a mi padre le salía fenomenal. Hacía dos paellas enteras al día. También hígado de ternera encebollado, riñones al Jerez, alitas de pollo o algún guiso que íbamos sacando continuamente en aque llos calientatapas que había encima de la barra. Estábamos sacando aperitivos hasta las cuatro por lo menos. Un lunes, un martes, un miércoles... Daba igual que fuera febrero, junio, agosto... Y esa barra se ha perdido. Ade más, la gente joven le ha cogido miedo a los combinados. No sé si es por el precio, por la cantidad de alcohol o por el hecho de sentarse mucho rato a tomarse una copa. Ahora se tiran mucho a la cerveza. Y quieren mirar la carta tranquilamente. Eso en El Anzuelo no me había pasado nunca. Así que nos hemos adap tado: tenemos alrededor de 20 cervezas dife rentes y una nevera que las mantiene a menos seis grados porque demandan menos alcohol duro y más variedad de cervezas. ¿A qué achaca esta desaparición? Será que la vida te lleva por otros derroteros. Estrés o simplemente que sales a las tres del trabajo y lo que quieres es llegar a casa, comer y sentarte un rato a descansar porque por la tarde te vas al gimnasio, con la bici... Y esas prisas te llevan a no pararte a mediodía y a no socializar como hacíamos antes. De hecho, antiguamente había gente que hacía amistad alrededor de la barra sólo de saludarse todos los días. ¿Echa de menos esos ratos de barra? Ahora, aquí en Badajoz, hay locales que no te dan servicio de barra e incluso no te dejan ni apoyarte. Sí, los camareros echamos de menos esos ratitos de barra porque a mí personalmen te, la terraza me mata. Es raro que alguien me vea sentado en una terraza. Prefiero estar den tro del local con el aire acondicionado. Ni en la
Su padre, Pepe Gutiérrez, fue uno de los pri meros cocineros que hubo en Badajoz, cuando en los fogones todavía dominaban las mujeres. El mítico Anzuelo de Oro, abierto en 1971 en la calle Santa Lucía, era famoso por sus arroces, carne de caza, montaditos y gambas al ajillo. Pepe todavía recuerda que cuando era niño le ponían una caja detrás de la barra para que lle gase a la cafetera y al grifo de cerveza. Con 14 años, ya un poco más alto, empezó a echar una mano esporádicamente los fines de semana, feria... Cuando volvió de la mili, con 18, se metió de lleno en la cocina, pero empezó a tra er amigos y a tener más trato con la gente, hasta que un día su padre le dijo: «Si vienen a verte a ti, tienes que estar fuera». Y ya no se movió de la barra hasta ahora, cuatro décadas después y con un importante cambio de tercio. Su padre se jubiló en el año 1991 y él se quedó con el negocio hasta 2007, momento en el que buscando un poco de tranquilidad montó Dadá, un concepto más bohemio pensado para desayunos, cafés y la primera copa de la tarde. Aquí fue donde se sirvió el primer vermú de grifo de toda la ciudad y donde hubo una carta con tantas ginebras que parecía un diccionario, ya que había marcas de la A a la Z.
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