Gurmé Córdoba Primavera 2026
Psicólogos de barra
Psicólogos de barra
de hostelería ni en ninguna facultad. Yo tenía un abuelo guardia civil y otro en la zona roja. Mi abuelo paterno murió en un qui rófano y dejó huérfano a mi padre. Así que aprendí de mi padre a relativizarlo todo, a no darle demasiada importancia a nada que no la tuviera realmente. Y, por supuesto, a disfrutar del trabajo, puesto que él lo disfrutaba cada día. Es más, me enseñó a enamorarme del tra bajo. ¿Y qué es lo que le enamoró a usted del trabajo? Formar parte de la vida de la gente. Al final, la vida son momentos. Y en esos momentos nosotros somos muy protagonistas. Somos protagonistas de una celebración, somos pro tagonistas de un bautizo, de una boda. Aunque sea de una comida del matrimonio o de dos amigos, pero siempre se menciona aquello de: "¿Te acuerdas cuando comimos en tal sitio?", "¿Te acuerdas qué bien lo pasamos?"... Al final somos protagonistas pasivos o activos, como lo quieras ver, de momentos importantes para la vida de la gente. Y eso a mí me gusta mucho, porque eso es hacer feliz a la gente o por lo menos contribuir a ello. Dentro de los muchos aspectos de la hostelería, habrá pasado por multitud de secciones. ¿Hay alguna en la que se sientas más a gusto? En ese sentido, también me he enamorado de la gestión de la hostelería. Me considero un gestor. Y, además, creo que he llegado a ser un buen gestor. En eso me diferencio de mi padre, que era un buen hostelero, pero no era un buen gestor, si no... hubiese sido multimillo nario. Y se lo dije siempre. Un negocio de hos telería es muy complejo, conozco pocos que lo sean tanto. ¿Qué le parece lo más complejo del negocio? El hecho de que se juntan muchos factores. Aquí entran todo tipo de profesionales, desde carpinteros a fontaneros. Está el factor huma no, la gestión de los números, porque muchas veces ni siquiera es fácil ver en qué estás gas tando el dinero debido a que puede haber multitud de gastos superfluos. Luego, que si se pone el techo, que si se pinta nosequé, que si se arregla la fachada, que si se compra una
Nos gustaría que nos recordara cómo empieza el negocio de su familia El negocio, la empresa familiar, empieza con mi padre. Mi padre se queda huérfano y se viene desde La Mancha a un bar que se llama ba Rosales, situado al lado del Corte Inglés, donde estaba antes la Plaza de Toros. Y en el bar Rosales, él siendo un chinorri, con 14 ó 15 años, se pone a trabajar con su tío, que era hermano de mi abuelo, que murió. Luego monta el bar Terraza, en Ciudad Jardín, y más tarde el bar Crismona en la calle Huelva. Allí es donde empieza a funcionar y donde más tarde nos fuimos incorporando nosotros. Estaba en el local donde ahora está la farmacia. ¿Qué tipo de bar quería poner su padre en aque lla época? Mi padre empezó con embutidos, práctica mente sin cocina. Nosotros vivíamos arriba y mi madre empezó a bajarle tapas. Y después empezó con el marisco, cuando en Córdoba todavía no se conocían ni la angula, ni los mejillones, ni la gamba, él empieza en los años... Él la abre en el año 64, pues a partir de ahí, año 65, cuando yo nazco, empieza a traer esos productos. La terraza cruzaba la carrete ra, y cuando hicieron el ambulatorio y se pasó la excavadora, los obreros se quedaron sor prendidos de la cantidad de conchas de meji llones o de almeja que había ahí. Recuerdo que cobraba la cazuela de angula a 75 pese tas. Vivían encima del bar, eso es mamarlo desde pequeño. Bajaba, echaba a andar, y ya estaba detrás de la barra. Hasta el punto de que le puso mi nombre a un vino: Fino Albertín. ¿Le permitían desenvolverse en el bar o fueron de los padres que preferían que se limitase a estudiar? Yo estudié empresariales, pero mis padres nos dieron siempre libertad. Pero es que aquello era un juego para nosotros. Mientras las niñas jugaban en la calle, nosotros entrábamos a meternos con los camareros, y con la curiosi dad de esa edad nos poníamos a ver cómo se ponía una caña, cómo se ponía una tapa...
Me considero un gestor y, además, creo que he llegado a ser un buen gestor – Alberto Rosales
Así que, de vergüenza o corte, nada de nada pese a la edad. No, no, no... no nos daba ningún reparo a nin guno de los hermanos. Quizá mi hermana Isa estaba más protegida a la hora de acudir a la barra por ser la única niña. Pero ni yo mismo ni mi hermano Paco, ni José, que ya no trabaja con nosotros, teníamos vergüenza al respecto. ¿Tuvo claro que quería dedicarse a la empresa familiar? Siempre me gustó la empresa familiar, aunque estudié empresariales. Eso pudo abrir otras posibilidades. Pero más que la profesión en sí, lo que me tiró fue la familia, porque era un proyecto familiar. Se respiraba el bar, todo gira ba a su alrededor, vivíamos del bar. Éramos una familia humilde, como digo, de la calle Huelva, en el Sector Sur. Mis padres, antes,
vivieron en una casa de vecinos en los Olivos Borrachos. Todo ello me llevó a enamorarme de la hostelería. Mi padre sólo tenía una obse sión: el servicio, es decir, atender a las perso nas en condiciones. Nos lo inculcó y es algo que mantenemos. Hoy día, ¿cómo se traduce eso, el buen servicio, en una época donde ya hay un poco de todo, incluso atenciones muy familiares, muy de cole gueo? Se refleja como un servicio correcto, profesio nal, un servicio en el que las personas se sien tan atendidas. Hay una diferencia abismal entre ir a un sitio a comer o ir a un restaurante a que te atiendan. Es distinto. En este sentido, ¿qué más cosas aprendió de su padre? De estas que no se enseñan en la escuela
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